Contra el fanatismo religioso
Contra el fanatismo religioso No es creíble que bajo los emperadores haya habido nunca una Inquisición contra los cristianos, es decir, que se haya ido a buscarlos a sus casas para interrogarlos sobre sus creencias. No se molestó jamás a ese respecto ni a judío, ni a sirio, ni a egipcio, ni a bardos, ni a druidas ni a filósofos. Los mártires fueron, por lo tanto, aquellos que se alzaron contra los falsos dioses. Era una cosa muy sabia y muy piadosa no creer en ellos; pero, en fin, si no contentos con adorar a un dios en espíritu y en verdad, se rebelaron violentamente contra el culto recibido, por absurdo que pudiera ser, hay que reconocer que los intolerantes eran ellos mismos.
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La primera severidad jurídica ejercida contra los cristianos fue la de Domiciano, pero se limitó a un destierro que no llegó a durar un año. Lactancio, cuyo estilo es tan iracundo, está de acuerdo en que, desde Domiciano hasta Decio, la Iglesia vivió tranquila y floreciente. Esta larga paz, dice, se interrumpió cuando aquel execrable animal de Decio oprimió a la Iglesia: Post multos annos extitit execrabile animal Decius, qui vexaret Ecclesiam.