El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Reúne una noche cerca de doce mil soldados de infantería sacados de las guarniciones vecinas, los calza con crampones para andar por el hielo, se pone al frente de ellos y marcha sobre el hielo hacia Leyden y hacia La Haya. Se produce un deshielo y La Haya se salva. El ejército, rodeado de agua, sin camino ni víveres, estaba a punto de perecer. Para regresar a Utrecht era necesario marchar sobre un estrecho dique fangoso donde apenas podían arrastrarse cuatro de frente. No se podía llegar a ese dique más que atacando un fuerte que parecía inexpugnable sin la artillería. Con que ese fuerte hubiera detenido al ejército un solo día, éste hubiera muerto de hambre y de fatiga. Luxemburgo se hallaba sin recursos, pero el azar que salvó a La Haya, salvó a su ejército por la cobardía del comandante del fuerte, que abandonó su puesto sin razón alguna. Mil acontecimientos son incomprensibles, tanto en la guerra como en la vida civil: éste es de ese número. Todo el fruto de aquella empresa fué una crueldad que acabó de hacer odioso el nombre francés en ese país. Bodegrave y Svammerdam, dos villas importantes, ricas y bien pobladas, semejantes a nuestras ciudades de mediana importancia, fueron abandonadas al pillaje de los soldados como premio de sus fatigas. Prendieron fuego a las dos ciudades y al resplandor de las llamas se entregaron a la crueldad y a los excesos. Es sorprendente que el soldado francés haya sido tan bárbaro, hallándose bajo el mando de ese prodigioso número de oficiales reputados, con justicia, de ser tan humanos como valientes. El pillaje dejó una impresión tan profunda que, más de cuarenta años después, he visto en los libros holandeses donde se enseña a leer a los niños, recordar esta aventura, e inspirar odio contra los franceses a las nuevas generaciones.