El Siglo de Luis XIV

El Siglo de Luis XIV

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Entre estos obsequios había sobre su tocador una bolsa con diez mil luises de oro. Las mismas atenciones fueron dispensadas a su marido, que llegó un día después. Le fueron asignados seiscientos mil francos por año para el mantenimiento de su casa, aparte de innumerables presentes. Se pusieron a sus órdenes a los oficiales del rey y sus guardias. Pero esta recepción era muy poca cosa comparada con los preparativos que se hacían para reponerlo en el trono. Jamás el rey pareció tan grande, ni tan pequeño Jacobo. Los que, en la corte y la ciudad, deciden la reputación de los hombres le tuvieron poca estima. Casi no veía más que a los jesuitas, y los visitaba en la calle San Antonio, donde vivían; les dijo que él mismo era jesuita y lo más singular es que era cierto. Siendo todavía duque de York, cuatro jesuitas ingleses le hicieron ingresar en la orden, después de algunas ceremonias. Esta pusilanimidad en un príncipe, unida a la manera con que había perdido la corona, lo rebajaron hasta el punto de que los cortesanos se divertían a diario haciendo coplas a su costa. Expulsado de Inglaterra, se burlaban de él en Francia. Ni su catolicismo lo salvaba. El arzobispo de Reims, hermano de Louvois, dijo en voz alta en Saint-Germain, en su antecá mara: “He aquí un simplón que ha dejado tres reinos por una m isa.”[113] a De Roma no recibía más que indulgencias y pasquinadas. En fin, le sirvió de tan poco su religión, en toda esa revolución, que cuando el príncipe de Orange, jefe del calvinismo, se embarcó para ir a destronar al rey su suegro, el ministro del rey católico en La Haya hizo decir m isa s por el feliz resultado de ese viaje.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker