El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV El abate de Pol ignac, después cardenal, tuvo la habilidad de disponer los sufragios en favor de ese príncipe de Conti conocido por los actos de valor que realizara en Steinkerque y Nervinde. Jamás había sido comandante en jefe, no participaba en los consejos del rey; el señor Duque tenía tanta reputación como el en la guerra; el señor de Vendóme tenía más: sin embargo, su fama eclipsaba entonces los demás nombres por su gran arte de agradar y de hacerse valer, arte que nadie poseyó jamás mejor que él. Pol ignac, que a su vez tenía el de persuadir, decidió los ánimos en su favor. Contrapesó, con su elocuencia y sus promesas, el dinero que Augusto, elector de Sajonia, prodigaba. (27 de junio de 1697) Luis Francisco, príncipe de Conti, fué elegido rey por el partido mayoritario y proclamado por el primado del reino. Augusto resultó electo dos horas después por un partido mucho menos numeroso: pero era príncipe soberano y poderoso; tenía tropas listas en la frontera de Pol onia. El príncipe de Conti estaba ausente, sin dinero, sin tropas, sin poder; sólo tenía a su favor su nombre y al cardenal de Pol ignac. Era preciso, o que Luis XIV le impidiera aceptar el ofrecimiento de la corona, o que le diera con qué ganarle a su opositor. Se consideró que el ministerio francés había hecho demasiado enviando al príncipe de Conti, y demasiado poco dándole sólo una débil escuadra y algunas letras de cambio, con las cuales llegó a la rada de Dánzig. Pareció que seguían esa política atenuada que deja a los asuntos sin concluir. El príncipe de Conti ni siquiera fué recibido en Dánzig y sus letras de cambio fueron protestadas. Las intrigas del papa, las del emperador, el dinero y las tropas de Sajonia, le asegu raron la corona a su rival. Conti volvió con la gloria de haber resultado electo. Francia pasó por la mortificación de demostrar su falta de fuerzas para hacerlo rey de Pol onia.