El Siglo de Luis XIV

El Siglo de Luis XIV

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Dispuesta así la suerte de una parte de Europa y de la mitad de América, Luis prometió, en ese tratado de repartimiento, renunciar a la sucesión entera de España. Lo mismo prometió y firmó el delfín. Francia creía ganar estados; Inglaterra y Holanda creían asegu rar el reposo de una parte de Europa, pero toda esta política fué en vano. El rey moribundo, al enterarse de que hacían pedazos su monarquía sin esperar a que muriera se indignó. Todo el mundo creía que ante esto declararía como sucesor al emperador Leopoldo, o a un hijo de este emperador; que le daría esa recompensa por no haber participado en el reparto; que la grandeza y el interés de la casa de Austria le dictarían un testamento. Hizo uno, en efecto, pero declaró, por segunda vez, único heredero de todos sus estados al mismo príncipe de Baviera (noviembre de 1698). La nación española, que nada temía tanto como el desmembramiento de su monarquía, aplaudió esta disposición. Parecía que la paz debería ser su fruto. Esta esperanza fué tan ilusoria como el tratado de partición. El príncipe de Baviera, designado rey, murió en Bruselas (5 de febrero de 1699).

Se acusó injustamente de esta muerte precipitada a la casa de Austria, apoyándose en este solo argumento: el de que cometen el crimen aquéllos a los que el crimen les es útil.[140] Comenzaron de nuevo las intrigas en la corte de Madrid, de Viena, de Versalles, de Londres, de La Haya, y de Roma.


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