El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV El mariscal de Tallard ocupaba el ala derecha; el elector, con Marsin, la izquierda. El mariscal de Tallard tenía, junto con el valor, todo el ardor y la vivacidad franceses, un espíritu activo, penetrante, fecundo en expedientes y en recursos. Fue él quien concertó los tratados de partición. Había llegado a la gloria y a la fortuna por las vías de un hombre de espíritu y de corazón. La batalla de Spira le dio mucha gloria, a pesar de las críticas de Feuquiéres; porque a los ojos del público un general victorioso no ha cometido errores; así como el general derrotado siempre se ha equivocado, por prudente que haya sido su conducta.
Pero el mariscal de Tallard tenía un defecto muy peligroso para un general: su vista era tan débil, que no distinguía los objetos a veinte pasos de distancia. Los que lo conocieron bien me han dicho, además, que su valor ardiente, completamente contrario al de Marlborough, al inflamarse en el calor de la acción, no dejaba a su espíritu en entera libertad. Este defecto provenía de una sangre rica y encendida. Es por demás sabido que nuestro temperamento determina todas las cualidades de nuestra alma.
El mariscal de Marsin no había sido, hasta entonces, comandante en jefe; y, con mucho espíritu y un sentido recto, se le atribuía más la experiencia de un buen oficial que la de un general.