El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV El brigadier Sivieres, apostado en este pueblo, intenta entonces un golpe atrevido; incita a los oficiales de Artois y de Provenza para que marchen con él; acuden inclusive varios oficiales de otros regimientos; se arrojan sobre el enemigo como quien hace una salida de una plaza sitiada; pero después de la salida es menester entrar de nuevo en la plaza. Un momento después, uno de los oficiales, llamado Des Nonvilles, regresa a caballo al pueblo con milord Orkney, de apellido Hamilton. “¿Es un inglés prisionero el que traéis?”, le preguntaron los oficiales rodeándolo. “No, señores; soy yo el prisionero, y vengo a deciros que no hay otra solución para vosotros que la de convertiros en prisioneros de guerra. He aquí al conde de Orkney, que os ofrece la capitulación.” Todas aquellas viejas tropas temblaron; Navarra desgarró y enterró sus banderas; pero fué preciso, al fin, doblegarse ante la necesidad, y el ejército se rindió sin combatir. Milord Orkney me ha dicho que ese cuerpo de ejército no podía hacer otra cosa en su penosa situación. Europa se asombró de que las mejores tropas francesas hubieran sufrido en masa esta ignominia. Se atribula su infortunio a la cobardía; pero pocos años después, los catorce mil suecos que se rindieron a discreción a los rusos en campo abierto justificaron a los franceses.