El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV El rey retira inmediatamente de Italia al duque de Vendóme, donde no lo cree necesario, para enviarlo a Flandes a remediar, de ser posible, ese infortunio. Esperaban al menos, con visos de razón, que la toma de Turín lo consolara de tantas pérdidas. El príncipe Eugenio no estaba en situación de acudir a socorrerla; se encontraba más allá del Adigio, y el río, bordeado de este lado por una larga cadena de trincheras, parecía hacer impracticable el paso. Esa gran ciudad estaba sitiada por cuarenta y seis escuadrones y cien batallones.
El duque de La Feuillade, que los mandaba, era el hombre más brillante y más amable del reino; y, aunque era yerno del ministro, gozaba del favor público. Era hijo de aquel mariscal de La Feuillade que erigió la estatua de Luis XIV en la plaza de las Victor ias. Tenía el valor de su padre, su misma ambición y brillantez, y más espíritu. Esperaba, como recompensa por la conquista de Turin, el bastón de mariscal de Francia. Su suegro, Chamillart, lo quería tiernamente y lo había hecho todo para asegu rarle el éxito. La imaginación se espanta con el detalle de los preparativos de ese asedio; y a los lectores que no tienen la posibilidad de entrar en tales indagaciones les gustará quizá encontrar aquí cuál fué ese inmenso e inútil aparato.