El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Aprovechaba esa ociosidad leyendo libros de distracción; leía sobre tollo con la condestablesa de Colonne, espiritual como todas sus hermanas. Se complacía en los versos y las novelas que, pintando la galantería y la grandeza, halagaban en secreto su carácter. Leía las tragedias de Corneille, y se formaba el gusto, que es el fruto de un sentido recto y el sentimiento vivo de un espíritu bien formado. La conversación de su madre y de las damas de la corte contribuyó no poco a hacerle gustar esa flor del espíritu y a educarlo en esa cortesía singular que ya empezaba a caracterizar a la corte. Ana de Austria había llevado a ella cierta galantería noble y altiva,[226] propia del genio español de esos tiempos, a la cual había agregado las gracias, la dulzura y una libertad decente, que existían únicamente en Francia. El rey hizo más progresos en esa escuela de placer desde los dieciocho a los veinte años que los que había hecho en las ciencias bajo la dirección de su preceptor, el abate de Beaumont, después arzobispo de París. No se le había enseñado casi nada. Habría sido de desear que se lo instruyera en historia, y sobre todo en historia moderna; pero lo publicado hasta entonces sobre esta materia estaba muy mal escrito. Era triste que sólo se hubiera logrado éxito con las novelas inútiles y que lo necesario fuera desagradable. Se hizo imprimir con su nombre una Traducción de los comentarios de César, y otra de Floro con el nombre de su hermano: pero toda la colaboración de los príncipes en ellas fué el haber tenido inútilmente como temas de sus traducciones pasajes de esos autores.