El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV En algunas memorias de la época se lee que la reina dio su confianza a Mazarino sólo cuando le faltó Potier, obispo de Beauvais, a quien eligió primero para ministro. Nos pintan al obispo como a un hombre incapaz: y es de creer que lo fuera, y que la reina se sirviera de él durante algún tiempo como de un pelele para no alarmar prematuramente al país con la elección de un segundo cardenal y de un extranjero. Pero no debemos creer que Potier haya iniciado su ministerio pasajero declarando a los holandeses “que debían hacerse católicos si querían continuar como aliados de Francia”. De ser así, hubiera tenido que hacer la misma proposición a los suecos. Casi todos los historiadores relatan este absurdo porque lo han leído en las memorias de los cortesanos y de los de la Fronda. Hay en esas memorias demasiadas cosas falseadas por la pasión, o basadas en rumores populares. No hay que citar lo pueril ni que dar fe a lo absurdo. Es muy probable que el cardenal Mazarino haya sido el ministro designado, desde tiempo atrás, en el espíritu de la reina, y aun en vida de Luis XIII. No se puede dudar de ello después de leer las Memorias de La Porte, primer ayuda de cá mara de Ana de Austria. Los subalternos, testigos de las intimidades de una corte, saben cosas que los parlamentos y hasta los jefes de partido ignoran o solamente sospechan[24].