El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Es cierto que procesar al superintendente era acusar la memoria del cardenal Mazarino. Las mayores depredaciones en las finanzas eran obra suya. Se había apoderado, como si fuera el soberano, de varias ramas de las rentas del Estado y había negociado, en su nombre y en su provecho, con las provisiones de los ejércitos. “Imponía-dijo Fouquet en su defensa—, mediante lettres de cachet [órdenes reales firmadas por su secretario], sumas extraordinarias sobre los gastos generales; lo que jamás se hizo sino por él y para él, y que merece pena de muerte según las ordenanzas.” De esta manera, el cardenal había amasado fortunas inmensas que ni él mismo conocía.
Le he oído contar al difunto señor de Caumartin, intendente de finanzas, que en su juventud, pocos años después de la muerte del cardenal, estuvo en el palacio Mazarino, en el que residían su heredero el duque y la duquesa Hortensia; que vio allí un gran armario de marquetería, muy profundo, que tenía de arriba abajo la capacidad de un gabinete. Las llaves se habían perdido hacía mucho tiempo y no se habían preocupado de abrir los cajones. Caumartin, asombrado de esta negligencia, le dijo a la duquesa de Mazarino que quizá habría curiosidades en el armario. Lo abrieron y estaba repleto de cuádruplos, fichas de juego y medallas de oro. Madame Mazarino arrojó al pueblo puñados de ellas por las ventanas durante más de ocho días.[236]