El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV No eran jefes de partido sino instrumentos de los jefes. Charton, hombre muy limitado, era conocido por el mote de He dicho, porque con esas palabras comenzaban y terminaban siempre sus intervenciones. Broussel no tenía de recomendable más que sus cabellos blancos, su odio al ministerio y la fama de levantar siempre la voz contra la corte con cualquier motivo. Sus colegas hacían poco caso de él, pero el populacho lo idolatraba.
En lugar de llevárselos sin ruido, en el silencio de la noche, el cardenal creyó impresionar al pueblo haciéndolos detener en pleno mediodía, mientras se cantaba el Te deum en Notre Dame por la victoria de Lens, y los suizos de la cá mara llevaban a la iglesia setenta y tres banderas tomadas al enemigo. Eso fué prec isa mente lo que provocó la rebelión del reino. Charton escapó; a Blancménil lo detuvieron sin dificultad, pero no así a Broussel. Una anciana sirvienta sola, al ver arrojar a su amo en una carroza por Comminges, teniente de los guardias de corps, amotina al pueblo; rodean la carroza y la destrozan, pero los guardias franceses prestan auxilio y el prisionero es conducido al camino de Sedán. El rapto, lejos de intimidar al pueblo, lo irrita y lo enardece. Se cierran los comercios, se tienden las gruesas cadenas de hierro que había entonces a la entrada de las calles principales; se levantan algunas barricadas y cuatrocientas mil voces gritan: ¡Libertad y Broussel!