El Siglo de Luis XIV

El Siglo de Luis XIV

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La duquesa de Borgoña crecía en gracias y en mérito. Los elogios prodigados a su hermana en España le inspiraron una emulación que da bló su capacidad de agradar. No era una belleza perfecta, pero tenía una mirada igual a la de su hijo, un porte elegante, una apariencia distinguida. Estas dotes estaban hermoseadas por su espíritu y más aún por el deseo vehemente de merecer la aprobación de todo el inundo. Era, como Enriqueta de Inglaterra, ídolo y modelo de la corte, con más alta jerarquía: pertenecía a la realeza. Francia esperaba del duque de Borgoña un gobierno como el que imaginaron los sabios de la Antigüedad, pero cuya austeridad sería atemperada por las gracias de la princesa, más adecuadas para ser sentidas que la filosofía de su esposo. Es sabido cómo se frustraron todas esas esperanzas. Fue el destino de Luis XIV ver perecer en Francia a toda su familia de muerte prematura: su mujer a los cuarenta y cinco años; su único hijo a los cincuenta;[287] y un año después de perder a su hijo, vimos a su nieto el delfín, duque de Borgoña, a su mujer la delfina y al hijo mayor de ambos, el duque de Bretaña, llevados a San Dionisio, a la misma tumba, en el mes de abril de 1712; mientras que el último de sus hijos, más tarde elevado al trono, estaba, en su cuna, a las puertas de la muerte. El duque de Berri, hermano del duque de Borgoña, los siguió dos años después, y su hija, por el mismo tiempo, pasó de la cuna al ataúd.


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