El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Felipe, duque de Orléans, sobrino de Luis XIV, tenía un laboratorio en el que estudiaba química, y cultivaba también otras muchas artes: esto fué tomado como prueba irrefutable. El clamor público era tan espantoso, que es necesario haber sido testigo para creerlo. Ciertos escritos y algunas desgraciadas historias de Luis XIV eternizarían las sospechas si los hombres intruídos no tuvieran el cuidado de destruirlas. Me atrevo a decir que, impresionado desde siempre por la injusticia de los hombres, he realizado muchas investigaciones para saber la verdad. Esto es-lo que me repitió varias veces el marqués de Canillac, uno de los hombres más probos del reino, íntimamente ligado al príncipe sospechoso, de quien tuvo mucho de que quejarse después. El marqués de Canillac, en medio de ese clamor público, fué a verlo a su palacio. Lo encontró tirado en el suelo, derramando lágrimas, loco de desesperación. Su químico Hombert[288] corrió a la Bastilla para constituirse prisionero, pero como no había orden de recibirlo lo rechazaron. El mismo príncipe (¡quién lo creería!) pidió, traspasado de dolor, que lo pusieran preso; quiso que se aclarara jurídicamente su inocencia y su madre se unió a él para pedir esa cruel satisfacción. Fué expedida la orden de prisión pero sin firma, y sólo el marqués de Canillac conservó, en medio de aquellos trastornos, la suficiente sangre fría para darse cuenta de las consecuencias de un paso tan desesperado. Fué quien hizo que la madre del príncipe se opusiera a esta orden ignominiosa. Tan desdichado era el monarca que la daba, como el sobrino que la pedía.[289]