El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV A los hombres públicos que han hecho bien a su siglo se les debe hacer la justicia de considerar el punto del cual partieron, para ver mejor los cambios realizados por ellos en su patria. La posteridad les debe un eterno reconocimiento por los ejemplos dados, aun cuando hayan sido sobrepasados. Esta justa gloria es su única recompensa. Cierto es que el amor a esta gloria animó a Luis XIV, cuando al comenzar a gobernar por sí mismo quiso reformar su reino, embellecer su corte y perfeccionar las artes.
No solamente se impuso la tarea de trabajar regularmente con cada uno de sus ministros, sino que todo hombre conocido podía obtener de él una audiencia particular, y todo ciudadano tenía la libertad de presentarle peticiones y proyectos. Al principio, recibía las solicitudes un secretario de peticiones, que las apostillaba; luego se enviaron a los despachos de los ministros. Los proyectos se examinaban en el consejo cuando merecían serlo, y sus autores fueron admitidos, más de una vez, para discutir sus proposiciones con los ministros, en presencia del rey. Así, pues, se estableció entre el trono y la nación una correspondencia que subsistió a pesar del poder absoluto.
