El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Esto fué lo que liberó a la corte de las facciones y de las conspiraciones que perturbaron al Estado durante tantos años. Durante el gobierno de Luis XIV hubo una sola conjuración, en 1674, concebida por La Truaumont, gentilhombre normando, perdido de vicios y de deudas; y ejecutada por un hombre de la casa de Rohan, montero mayor de Francia, que tenía mucho valor y poca prudencia. La altanería y la dureza del marqués de Louvois lo irritaron hasta el punto de que, al salir de su audiencia, entró profundamente conmovido y fuera de sí en casa del señor de Caumartin, y arrojándose sobre un sofá dijo: “Tiene que morir ese... Louvois o yo.” Caumartin tomó ese arrebato por una cólera pasajera, pero al día siguiente el mismo joven le preguntó si creía que el pueblo de Normandia era adicto al gobierno, y aquél entrevió propósitos peligrosos. “Los tiempos de la Fronda han pasado —le dijo—; creedme, os perderéis y nadie lo lamentará.” El caballero no le creyó y se arrojó de cabeza en la conspiración de La Truaumont. En ese complot tomó parte solamente un caballero de Préaux, sobrino de La Truaumont, quien convencido por su tío, sedujo a su amante, la marquesa de Villiers. Su fin y su esperanza no era, ni podía ser, formar un partido en el reino. Pretendían solamente vender y entregar Quillebeuf a los holandeses y meter a los enemigos en Normandía. Fue más bien una cobarde traición mal urdida que una conspiración. El suplicio de los culpables fué el único fruto de ese crimen insensato e inútil, del que apenas si se habla actualmente.