El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Uno de los primeros en exponer desde el púlpito argumentos de elevada elocuencia fué el padre Bourdaloue, hacia el año 1668. Fue una nueva luz. Ha habido después otros oradores sagrados, como el P. Massillon, obispo de Clermont, que han puesto en sus discursos más atractivos y han hecho pinturas más ingeniosas y penetrantes de las costumbres del siglo; pero ninguno ha hecho que se lo olvidara. Su estilo, más nervioso que florido, sin ninguna imaginación en las expresiones, parece que trata más bien de convencer que de conmover, y jamás piensa en agradar.
Tal vez, hubiese sido deseable que al desterrar del púlpito el mal gusto que lo rebajaba, se hubiera desterrado también la costumbre de predicar sobre un texto. En efecto, hablar largo tiempo sobre una cita de una o dos líneas, fatigarse en acomodar todo el discurso a esa línea, es un trabajo que nos parece un papel poco digno de la gravedad de ese ministerio. El texto se convierte en una especie de div isa, o más bien de enigma, que el discurso explica. Los griegos y los romanos jamás utilizaron este procedimiento; comenzó a usarse durante la decadencia de las letras y el tiempo lo consagró.
El hábito de dividir siempre en dos o tres puntos cosas que, como la moral, o bien no exigen ninguna o requieren más divisiones, como la controversia, es también una costumbre molesta que el P. Bourdaloue encontró establecida y a la cual se conformó.