El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Corneille tuvo que luchar con su siglo, con sus rivales y con el cardenal de Richelieu. No repetiré lo que se ha escrito sobre El Cid; haré notar solamente que la Academia, en sus juiciosas decisiones entre Corneille y Scudery, fué demasiado complaciente con el cardenal de Richelieu al condenar el amor de Jimena. Amar al asesino del padre y perseguir la venganza de ese crimen era una cosa admirable. Vencer su amor hubiera sido un defecto capital en el arte trágico, que consiste principalmente en los combates del corazón; pero el arte era desconocido entonces de todo el mundo, excepto del autor.
El Cid no fue la única obra de Corneille que el cardenal de Richelieu quiso rebajar. El abate de Aubignac nos dice que el ministro desaprobó Pol icucto.
El Cid, después de todo, era una imitación, muy embellecida, de Guillén de Castro,[374] y, en algunos pasajes, una traducción. Cinna, que la siguió, era única. Conocí a un anciano criado de la casa de Condé, que contaba que el gran Condé, a la edad de veinte años, asistiendo a la primera representación de Cinna, derramó lágrimas al escuchar las palabras que pronuncia Augusto.
Je suis maître de moi comme de l'univers;
Je le suis, je veux l'être. O siècles! Ô mémoire!
Conservez à jamais ma dernière victoire.
Je triomphe aujourd'hui du plus juste courroux