El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV Hemos insinuado más de una vez a lo largo de esta historia que los desastres públicos que la integran y se suceden unos a otros casi sin interrupción son, a la larga, borrados de los registros del tiempo. Los detalles y los móviles de la política caen en el olvido: las buenas leyes, los institutos, los monumentos producidos por las ciencias y por las artes subsisten para siempre.
Los numerosos extranjeros que hacen actualmente el viaje a Roma, ya no como peregrinos, sino como hombres de gusto, se preocupan poco de Gregorio VII y de Bonifacio VIII; admiran los templos construidos por el Bramante y por Miguel Ángel, los cuadros de Rafael, las esculturas de Bermni; si tienen espiritualidad, leen a Ariosto y al Tasso, y respetan las cenizas de Galileo. En Inglaterra se habla un instante de Cromwell y nadie conversa sobre las guerras de las rosas, pero se estudia a Newton durante años enteros; de ahí que no sorprenda leer en su epitafio que fué gloria del género humano, y sí asombraría mucho, en cambio, ver en ese país las cenizas de algún hombre de Estado honradas con un título semejante.
