El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV De los tres órdenes del Estado, la Iglesia es el menos numeroso. Sólo en el reino de Francia el clero se ha convertido en un orden del Estado, cosa tan real como asombrosa; ya he hablado de ello, y nada muestra mejor el poder de la costumbre. Reconocido como orden del Estado, el clero es quien le ha exigido siempre al soberano la conducta más delicada y circunspecta. Conservar, a la vez, la unión con la sede de Roma, y mantener las libertades de la Iglesia galicana, que son los derechos de la antigua Iglesia; saber hacer obedecer a los obispos en tanto que súbditos, sin tocar los derechos del episcopado; someterlos en muchos aspectos a la jurisdicción secular y dejarlos como jueces de otros; hacerles contribuir a las necesidades del Estado, sin lesionar sus privilegios, son cosas todas para las que se necesita una mezcla de habilidad y de firmeza que Luis XIV tuvo casi siempre.
