El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV En los primeros siglos de la Iglesia latina casi no había disputas. Las continuas invasiones de los bárbaros no dejaban mucho tiempo para pensar; y había pocos dogmas bastante desarrollados para fijar la creencia universal. Casi todo el Occidente rechazó el culto de las imágenes en el siglo de Carlomagno. Un obispo de Turín, llamado Claudio, las prohibió con ardor, y conservó varios dogmas que constituyen todavía hoy el fundamento de la religión de los protestantes. Esas creencias perduraron en los valles del Piamonte, del Delfinado, de la Provenza, del Languedoc, se manifestaron violentamente en el siglo xii y produjeron poco tiempo después la guerra de los albigenses; y al pasar más tarde a la universidad de Praga provocaron la guerra de los Hussitas. No hubo más de un siglo de intervalo entre el final de las turbulencias nacidas de las cenizas de Jean de Huss y de Jerónimo de Praga, y las que renacieron con la venta de las indulgencias. Los antiguos dogmas abrazados por los valdenses, los albigenses, los hussitas, renovados y expuestos de diferente manera por Lutero y por Zwinglio fueron recibidos ávidamente en Alemania, pues daban un pretexto para apoderarse de las tierras de las que se habían adueñado los obispos y los abates, y para hacer resistencia a los emperadores que marchaban, por aquel entonces, a grandes pasos, hacia el poder despótico. Esos dogmas triunfaron en Suecia y en Dinamarca, países cuyos pueblos eran libres durante el gobierno de los reyes.