El Siglo de Luis XIV

El Siglo de Luis XIV

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Los hugonotes en Francia eran, entonces, aproximadatnante la duodécima parte de la nación. Entre ellos había señores poderosos: ciudades enteras eran protestantes. Habían hecho la guerra a los reyes, que se vieron obligados a cederles plazas para su seguridad: Enrique III les había concedido catorce sólo en el Delfinado; Montauban y Nîmes, en el Languedoc; Saumur, y, sobre todo, La Rochela, que constituía una república aparte a la que el comercio y el favor de Inglaterra podían tornar poderosa. Por último, Enrique IV pareció satisfacer su inclinación, su política y hasta su deber al decretar en favor del partido el célebre edicto de Nantes, en 1598. Ese edicto no era, en el fondo, más que la confirmación de los privilegios que los protestantes de Francia habían obtenido de los reyes anteriores con las armas en la mano, y que Enrique el Grande, afirmado en el trono, respetó por buena voluntad. Por el edicto de Nantes, que el nombre de Enrique IV hizo más célebre que todos los demás, todo señor de feudo con atribuciones de justicia podía hacer, en su castillo, pleno ejercicio de la supuesta religión reformada; los señores que no pudieran impartir justicia podían admitir treinta personas a su prédica. El pleno ejercicio de esta religión estaba autorizado en todos los lugares que pertenecían directamente a la jurisdicción de un parlamento.



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