El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV La proscripción no tentó a nadie a hacerse merecedor de los cincuenta mil escudos, que, al fin de cuentas, no hubieran sido pagados. En otra nación y en otro tiempo, no hubieran faltado ejecutores de semejante sentencia, pero sólo sirvió de pábulo a nuevas bromas. Los Blot y los Marigni, espÃritus joviales, que ponÃan la nota alegre en la tumultuosidad de aquellas revueltas, fijaron carteles en ParÃs ofreciendo repartir ciento cincuenta mil libras; tanto para quien cortara la nariz al cardenal, tanto por una oreja, tanto por un ojo, tanto por castrarlo. Esta puesta en ridÃculo fué todo lo que produjo la proscripción contra la persona del ministro; pero sus muebles y su biblioteca se vendieron por un segundo decreto. Ese dinero, destinado a pagar un asesino, fué disipado por los depositarios, como todo el dinero percibido entonces. El cardenal, por su parte, no empleaba contra sus enemigos ni el veneno ni el asesinato, y a pesar de la acritud y la obcecación de tantos partidos y de tantos odios, no se cometieron muchos grandes crÃmenes; los jefes de partido fueron menos crueles y el pueblo menos violento que en tiempos de la Liga, porque ésta no era una guerra de religión.