El Siglo de Luis XIV
El Siglo de Luis XIV El jesuita Le Tellier y su partido enviaron a Roma para que se las condenara ciento tres proposiciones; el Santo Oficio proscribió ciento una. La bula fué dada en el mes de septiembre de 1713. Llegó, y levantó contra ella a casi toda Francia. El rey la había pedido para evitar un cisma, y estuvo a punto de causarlo. Lo que suscitó el clamor fué que entre las ciento una proposiciones había algunas que en opinión de todo el mundo tenían el sentido más inocente y la más pura moral. Se convocó en París a una numerosa asamblea de obispos. Cuarenta aceptaron la bula por el bien de la paz; pero al mismo tiempo dieron explicaciones para calmar los escrúpulos del público. La aceptación pura y simple se le envió al papa, y las modificaciones se hicieron para las gentes. Pretendían con ello satisfacer a la vez al pontífice, al rey y a la multitud; pero el cardenal de Noailles y otros siete obispos de la asamblea que se unieron a él, no aceptaron ni la bula ni sus correcciones, y le escribieron al papa para pedirle que hiciera esas correcciones. Ésta era una afrenta que le hacían respetuosamente, y que el rey no toleró: impidió que la epístola se publicara, mandó a los obispos a sus diócesis y le prohibió al cardenal que apareciera en la corte. La persecución acrecentó la consideración de que gozaba este arzobispo entre la gente. Otros siete obispos se unieron también a él. Era una verdadera división en el episcopado, en el clero, en las órdenes religiosas. Todo el mundo opinaba que no se trataba de puntos fundamentales de la religión: no obstante, los ánimos atravesaban por una guerra civil como si se hubiese tratado del derrumbe del cristianismo; y ambas partes movieron los resortes todos de la política, como si se tratara de la cuestión más profana.