Micromegas
Micromegas La camarera mayor, entrando en la conversación, dijo que muy a menudo la palabra pastor se aplicaba a los reyes, que los llamaban pastores porque esquilan sus rebaños, que sin duda habría sido una broma del criado, que aquel joven héroe habría llegado tan mal acompañado para mostrar que su mérito estaba por encima del fasto de los reyes y para que sólo a sí mismo debiera él tener a Formosante. La princesa respondió solamente dando a su pájaro mil cariñosos besos.
Mientras tanto prepararon un gran festín para los tres reyes y todos los príncipes que habían acudido a la fiesta. La hija y la sobrina del rey debían hacer los honores. Llevaron a los reyes presentes dignos de la magnificencia de Babilonia. Mientras esperaba que sirvieran Belo reunió a su consejo para tratar el matrimonio de su hija y habló así, como gran político que era:
«Soy viejo, no sé qué hacer ni a quién entregar a mi hija. El que la merecería no es más que un vil pastor. El rey de las Indias y el de Egipto son unos poltrones; el rey de los escitas me convendría pero no ha cumplido ni una de las condiciones impuestas. Voy a consultar una vez más el oráculo. En la espera, deliberad y concluiremos según lo que diga el oráculo, pues un rey sólo debe guiarse por la orden expresa de los dioses inmortales.»