Micromegas
Micromegas Fue entonces a su capilla y el oráculo le respondió, como era su costumbre, con pocas palabras: Tu hija no se casará hasta que haya corrido el mundo. Belo, atónito, volvió al consejo y comunicó la respuesta.
Todos los ministros sentÃan profundo respeto por los oráculos; todos estaban de acuerdo, o fingÃan estarlo, en que eran la base de la religión, que la razón debe callar ante ellos, que gracias a ellos los reyes gobiernan a los pueblos y los magos a los reyes, que sin los oráculos no habrÃa virtud ni reposo en la tierra. Finalmente, tras haber testimoniado la más profunda veneración por ellos, llegaron casi todos a la conclusión de que aquél era impertinente y que no habÃa que obedecerlo, que no habÃa nada más indecente para una doncella, y sobre todo si era hija del gran rey de Babilonia, que ir a correr sin saber adónde, que era la mejor manera de no casarse o de hacer una boda clandestina, vergonzosa y ridÃcula, que, en una palabra, aquel oráculo no tenÃa sentido común.