Micromegas
Micromegas Se alojó a Formosante en palacio, tras apartar a una inoportuna multitud de pueblo; se le ofrecieron fiestas ingeniosas. El señor cimerio, que era gran naturalista, conversó largo y tendido con el fénix mientras la princesa estaba en sus aposentos. El fénix le confesó que había viajado antiguamente por el país de los cimerios y que le resultaba irreconocible. «¿Cómo han podido operarse tan prodigiosos cambios en tan poco tiempo?, decía. No hace ni trescientos años que vi aquí a la naturaleza salvaje en todo su horror, y hoy encuentro las artes, el esplendor, la gloria y la cortesía.