Micromegas
Micromegas Mientras, Amazán estaba ya camino de la capital de Albión, en su carroza de seis unicornios, y soñaba en su princesa. Vio un carruaje volcado en la cuneta. Los criados se habían dispersado en busca de auxilio, el dueño del carruaje se había quedado tranquilamente en su interior, sin dar prueba de la menor impaciencia y distrayéndose fumaba, pues entonces se fumaba. Se llamaba milord Whatthen, que significa poco más o menos milord Quemasdá en la lengua en que traduzco estas memorias.
Amazán corrió para ayudarle y levantó por sí solo el coche, pues su fuerza era superior a la de los demás hombres. Milord Quemasdá se contentó con decir: «¡Qué hombre tan fuerte!» Unos labriegos del contorno, que habían acudido, montaron en cólera porque les habían hecho ir en vano y las tomaron con el extranjero: lo amenazaron llamándole perro extranjero y quisieron pegarle.
Amazán cogió a dos con cada mano y los arrojó a veinte pasos; los demás lo respetaron, lo saludaron y le pidieron propina: les dio más dinero del que nunca habían visto. Milord Quemasdá le dijo: «Os estimo, venid a comer conmigo a mi casa de campo, que sólo está a tres millas», y subió al coche de Amazán porque el suyo estaba descompuesto por el golpe.
