Micromegas
Micromegas Pero volvamos a nuestros viajeros. Al salir de Júpiter cruzaron un espacio de unos cien millones de leguas y se acercaron al planeta Marte, el cual, como es sabido, es cinco veces más pequeño que nuestro pequeño globo. Vieron dos lunas que sirven a este planeta y que han pasado inadvertidas a las miradas de nuestros astrónomos. Sé muy bien que el padre Castel escribirá, y seguramente con mucha gracia, contra la existencia de esas dos lunas; pero me remito a quienes discurren por analogÃa. Esos buenos filósofos saben cuán difÃcil serÃa que Marte, que se halla tan lejos del sol, pudiera pasar con menos de dos lunas. Sea como fuere, nuestros hombres lo encontraron tan pequeño que temieron no hallar dónde pasar la noche, y pasaron de largo, como dos viajeros que desprecian una mala posada de pueblo y continúan hasta la ciudad más próxima. Pero el sirio y su compañero se arrepintieron muy pronto. Avanzaron mucho y no encontraron nada. Divisaron al fin un pequeño resplandor: era la Tierra. Resultaba mezquina para unos que venÃan de Júpiter. Sin embargo, por temor a arrepentirse por segunda vez, decidieron desembarcar. Pasaron a la cola del cometa y hallando dispuesta una aurora boreal entraron en ella y llegaron a tierra en las orillas septentrionales del mar Báltico, el cinco de julio de mil setecientos treinta y siete, nuevo estilo.
Lo que les acontece en el globo de la Tierra
