Micromegas
Micromegas El enano, que a veces se precipitaba en sus juicios, decidió que no había nadie en la Tierra. Su primera razón era que no había visto nada. Micromegas, con suma cortesía, le hizo observar que era un mal razonamiento: «Al mover con vuestros ojillos ciertas estrellas de la cincuentava magnitud que yo distingo a la perfección, ¿sacáis la conclusión de que esas estrellas no existen? —Pero yo he palpado bien, dijo el enano.