El anillo del nibelungo
El anillo del nibelungo -¡Ahora veo en su terrible fuerza el poder de la maldición! -dice Wotan consternado-. Se apodera de mi ánimo un profundo temor. El miedo me conturba; sólo Erda puede poner paz en esta extraña agitación mÃa. Su sabidurÃa profunda puede enseñarme a evitar desgracias futuras.
Su esposa Fricka, celosa y temerosa de una nueva veleidad de Wotan, le ruega que se quede en los prados celestes. ¿Acaso no ha levantado un palacio maravilloso para descansar y vivir en la serenidad divina? Pero el dios sólo contesta lamentando el precio que ha debido pagar por él. El cielo aún está turbio de brumas y nubes; Donner, el dios de las nubes y de los vapores, quiere aclararlo. Grita a las nubes desde lo alto para formar con ellas una tempestad de rayos y truenos; el cielo brillará purÃsimo después. Golpea con su martillo y el eco llena los valles y las selvas. Las nubes se agrupan a su alrededor en un negro nubarrón; brota el relámpago, se oye el ronco rimbombo del trueno y el rayo baja veloz a las campiñas.