El anillo del nibelungo
El anillo del nibelungo Desde la antigua fuente de los siglos la clara luz de la aurora y la verdosa del atardecer iluminan las aguas del viejo Rhin, que bordean las selvas de la agreste Germania. Cuando los rayos rasantes del sol doran las aguas parece brotar del fondo del cauce sombrÃo una extraña canción. Los fresnos y las encinas que trepan las empinadas riberas son los testigos del instante mágico. La paz y la soledad del anochecer son propicias al encantamiento de las aguas que corren presurosas a volcarse en el brumoso mar; sólo los pájaros sorprenden al silencio con sus cantos.
Una roca escarpada emerge del centro de la corriente; a su alrededor la melodÃa se oye clara y nÃtida. Cantan las ondinas, las hijas del viejo rÃo, mientras velan un tesoro escondido en el peñasco: el oro brillante, cuya posesión concede la riqueza, la herencia del mundo y el poderÃo sin lÃmites.
Wotan, el primero de los dioses nórdicos, protege a las ondinas que dÃa y noche custodian el tesoro; un enemigo oculto y artero acecha el instante propicio para robarlo y disputar a los dioses el dominio del mundo.
