El anillo del nibelungo
El anillo del nibelungo En el mundo celeste de las nubes y las nieblas moran los dioses. Un palacio etéreo, reluciente y fantástico, ha sido construido por la raza de los gigantes por orden y deseo de Wotan; por ello, ha contraÃdo un compromiso con esa raza y el pacto ha sido inscripto en el asta hecha del fresno inmortal que sostiene al mundo. Son las "runas", que Wotan deberá cumplir a pesar de su destino. Los dioses aguardan impacientes la terminación del palacio para habitarlo y protegerse del manto opaco de la noche.
Sobre la tierra enverdecida por bosques y prados; con sus rÃos, nieve endurecida en invierno y corriente abundosa en verano, está el dominio de los gigantes, RÃcsenhein, aún no hecho suyo por los hombres. En las entrañas de la tierra, en sus senos oscuros y sombrÃos mora una raza de enanos, sin belleza y sin bondad, los Nibelungos; su reino es Nibelhein.
Welgunda, Floshilda y Woglinda son las ondinas que entonan todas las tardes su canción al viejo Rhin. Cuando la última llamarada del sol alumbra al rÃo parece que las aguas se incendiaran alrededor de la roca sagrada. La corriente parece un ascua movible un instante; luego la sombra cae sobre las aguas, y la niebla desciende oscureciéndolo todo hasta la jornada siguiente.