El anillo del nibelungo
El anillo del nibelungo Las walkyrias se horrorizan ante tal acontecimiento. jamás han desobedecido al dios; la desventura de Brunilda las conmueve en extremo. Pero no se atreven a desafiar la cólera de Wotan. Ante sus ojos espantados ven avanzar la tempestad en cuyas nubes se acerca el dios colérico. No podrán ayudar a Brunilda, pues deben obediencia a su padre; ni siquiera pueden proteger a la desventurada Siglinda, que trastornada por la muerte de Siegmund clama que se la mate. ¡Nadie podrá salvarla! Las jóvenes guerreras en cabalgata desesperada se pierden en los montes, gritando:
-¡Afuera esa mujer! ¡Que ninguna walkyria la proteja!
Sólo Brunilda, conmovida y resuelta, decide salvarla cumpliendo su promesa al héroe. Y en medio del fragor de la tormenta que anuncia al dios orienta a Siglinda hacia el bosque cercano, en donde escondido en una cueva el dragón Fafner guarda el anillo y los tesoros arrebatados al nibelungo Alberico.
-¡Es el mejor lugar para protegerte de la cólera de Wotan! Un pacto le impide combatirlo. ¡Salva a tu hijo, mujer! ¡Será el más valiente de los héroes! Guarda los fragmentos de la espada Nothung; forjada de nuevo podrá usarla en los combates. ¡Siegfried debes llamar a tu hijo! ¡Que goce en paz de los frutos de la victoria!
Siglinda, animosa y agradecida, huye para salvar a su hijo. Al instante un huracán se desata en los montes y en medio del trueno se oye la orden de Wotan.