El anillo del nibelungo
El anillo del nibelungo Humilde y desesperada, la hija preferida de Wotan le ruega, por último, que si ha de expulsarla de la raza de los dioses y someterse a un hombre, que éste no sea ni indigno ni cobarde.
-¡Te someteré a un profundo letargo! ¡El que logre despertarte será tu esposo! - le replica el dios.
-¡Oye la última súplica que te dirijo! -ruega Brunilda-. Esto imploro de ti- ¡Haz que ardientes llamas circunden la roca donde duerma y que devoren a quien se atreva a acercarse! ¡Asà sólo el más valeroso de los héroes logrará despertarme!
El dolor de Brunilda conmueve por fin a Wotan y accede al ruego de la doncella. -¡Un fuego nupcial como nunca ardió para novia alguna te rodeará! ¡Abrasadoras llamas circundarán la roca y atemorizado huirá el cobarde! ¡Sólo obtendrá a la doncella quien sea más libre que yo, que soy un dios! -conjura Wotan.
Acaricia a Brunilda por última vez, elogia su ternura y belleza inocente. La besa en los ojos, que se cierran inmediatamente, y la joven queda dormida junto a las flores del prado y bajo el verdor de los pinos.
Wotan le ciñe el casco y la cubre con el escudo. Invoca a Loge, y el fuego brota; una llama brillante empieza a rodear el sitio elegido formando un cÃrculo ardiente y alto, que alumbra al anochecer.