El anillo del nibelungo
El anillo del nibelungo -¿Cómo es que huyendo por el bosque para no estar contigo, vuelvo otra vez a tu casa?
-Porque estoy cerca de tu corazón -responde Mime.
-No olvides que no puedo sufrirte!
-Eso se debe a tu ferocidad; aún debo suavizar tus impulsos. Así como los pichones pían por el nido y los cachorros gimen por sus padres, tú, sediento de cariño, vienes a mí. Porque yo, Mime, soy para ti como el ave madre para el hijuelo.
-Oye, Mime; si eres ingenioso contesta a esto: los pájaros cantan, se llaman uno al otro en la primavera. Tú me dijiste que eran macho y hembra. Construyen su nido y luego incuban los huevecillos; mas cuando nacen los polluelos, los cuidan juntos y los alimentan. El lobo macho lleva la comida a los cachorros y la hembra los cuida. En ellos aprendí lo que era el amor y jamás en mis correrías por el bosque robé un hijuelo. ¿Dónde está tu hembra, Mime, para llamarla madre?
Mime se encoleriza y reprocha a Sigfrido su pretensión. -¿Acaso él es pájaro o un zorro para ser igual a ellos?
Pero, entonces, Sigfrido quiere saber cómo es que puede haber un niño sin madre. Y aunque el enano intenta convencerlo de que él es su padre y su madre a la vez, Sigfrido no le cree y le recrimina el embuste.