El circulo carmesi
El circulo carmesi —¿Y están en su casa? —preguntó Barnet, con el rostro embargado por la excitación—. ¡Sesenta y dos mil! ¿Lo has oÃdo, Milly? ¿Y vas a cenar con él esta noche? —Flush Barnet hizo la pregunta lenta y significativamente—. Y ahora, ¿qué me dices?
—¿Qué te digo de qué?
—He aquà la oportunidad de toda una vida[45] —dijo, con la voz enronquecida por la emoción—. Iréis a su casa. No te importará darle cuerda al viejo, ¿eh, Thalia?
Ella guardó silencio.
—Conozco el lugar —dijo Flush Barnet—, una de esas pintorescas casitas de Kensington que cuesta una fortuna mantener. Marisburg Place, Bayswater Road.
—Yo también conozco el sitio de sobra —respondió Thalia.
—Tiene tres criados —dijo Flush Barnet—, pero suelen ausentarse las noches en que Marl está ocupado atendiendo a alguna amiga. ¿Me vas comprendiendo?
—Pero yo no voy a recibir sus atenciones en su casa —dijo Thalia.
—¿Y qué tiene de malo pasarse por su casa a tomar algo después del espectáculo? Supón que te lo propone y le dices que sÃ. Los criados ya no estarán en la casa cuando regreséis. Me jugarÃa el cuello. Tengo a Marl muy estudiado.