El circulo carmesi
El circulo carmesi «Esto» era un sobre grande y abultado que el recién iniciado miembro del CÃrculo Carmesà introdujo en su bolsillo.
—Ahora, váyase —dijo el conductor secamente, y el hombre obedeció sin réplica alguna.
Cerró de golpe la portezuela y avanzó hasta situarse a la altura del conductor. Aún sentÃa curiosidad por descubrir su identidad y consideró imprescindible, por su propia seguridad, saber quién era el hombre que conducÃa.
—No encienda su cigarro aquà —dijo el conductor—, o pensaré que fumar es una excusa para prender una cerilla. Y recuerde, amigo mÃo, que todo el que descubre mi identidad se lleva el secreto a la tumba.
Antes de que el otro pudiera responder, el coche se puso en marcha y el hombre, con el sobre en la mano, permaneció contemplando los destellos rojos de las luces traseras hasta que desapareció de su vista.
Estaba temblando de pies a cabeza y, cuando encendió el cigarro sujeto por los dientes que le castañeteaban, la llama de la cerilla tembló de modo vacilante.
—Ya no hay nada más que hacer —dijo con voz ronca, y cruzó la calzada para desaparecer en una de las bocacalles.