El circulo carmesi
El circulo carmesi Un criado con uniforme de noche les abrió la puerta y les indicó el apartamento del banquero. La puerta estaba cerrada con llave, pero Parr la abrió a puntapiés sin más ceremonia. No obstante, la habitación estaba vacía. Una ventana abierta y una escalera de incendios sugerían el modo de huida del distinguido banquero, y el que la cama no estuviera deshecha y no hubiera signos de desorden en la habitación demostraban que se había marchado horas antes de la llegada del detective.
A un lado de la cama había un teléfono y Parr llamó a la centralita.
—¿Podría decirme si hicieron alguna llamada a este número durante la noche? —preguntó—. Soy el inspector Parr, de la policía.
—Dos —fue la respuesta—. Las pasé yo misma. Una desde Bayswater…
—Ésa la hice yo —dijo el inspector—. ¿Cuál fue la otra?
—Desde Western Exchange…, a las 2:30.
—Gracias —dijo Parr con decisión, colgando el auricular.
Miró a sus acompañantes y se frotó la nariz, irritado.
—Thalia Drummond va a tener que buscarse otro empleo —dijo.