El circulo carmesi
El circulo carmesi —¿Tiene usted la carta, señor? —preguntó Yale, y Froyant abrió impetuosamente un cajón, poniendo una tarjeta, ya muy familiar, encima del escritorio de un violento manotazo.
—¿Cuándo llegó esto? —dijo Parr, mientras cogía la cartulina, en la que se distinguía al instante un Círculo Carmesí.
—En el correo de esta mañana.
Parr leyó las palabras que había en el centro:
«Iremos a recoger el dinero a la oficina del señor Derrick Yale a las 15:30 de la tarde del viernes. Los billetes no deben tener numeración correlativa. Si no encontramos el dinero allí, morirá esa misma noche».
El inspector Parr leyó tres veces el breve mensaje, y después suspiró.
—Bueno, esto lo simplifica todo —dijo—. Obviamente, no se presentarán…
—Yo creo que sí lo harán —dijo Yale, suavemente—, pero estaré esperándolos y me gustaría tenerlo a usted cerca, señor Parr.
—Si hay algo seguro en este mundo —dijo el inspector Parr, flemático—, es que estaré cerca. Pero no creo que vengan.