El circulo carmesi
El circulo carmesi Froyant, a pesar de toda su mezquindad y de su conocimiento de los elevados honorarios de Yale, habÃa contratado sus servicios nada más recibir la amenaza. Su fe en la policÃa se habÃa evaporado y no hacÃa ningún esfuerzo por ocultar su escepticismo.
—El señor Froyant ha decidido pagar —fueron las palabras que recibieron al inspector.
—¡Ah, por supuesto que pagaré! —explotó el señor Froyant.
Froyant habÃa envejecido diez años en los últimos dÃas, pensó Parr. Su rostro estaba más lÃvido y demacrado y parecÃa haberse estado consumiendo interiormente.
—Si la jefatura de policÃa permite a esta maligna organización amenazar a ciudadanos respetables y ni siquiera es capaz de proteger sus vidas, ¿qué otra cosa puedo hacer, sino pagar? Mi amigo Pindle ha recibido una amenaza similar y ha pagado. Yo no puedo aguantar más esta presión.
Se paseaba por la biblioteca como un demente.
—El señor Froyant pagará —dijo Derrick Yale, lentamente—. Pero creo que esta vez el CÃrculo Carmesà ha ido demasiado lejos en su osadÃa.
—¿Qué quiere decir? —inquirió Parr.