El circulo carmesi
El circulo carmesi Thalia regresó directamente a la oficina y encontró a Derrick Yale en su despacho, leyendo un montón de correspondencia pendiente.
—¿Ésa es la llave? Gracias, puede dejarla ahà —dijo—. Me temo que tendrá que contestar usted misma a la mayor parte de estas cartas. La mayorÃa de ellas han sido enviadas por jóvenes insensatos que desearÃan recibir entrenamiento para ser detectives. Aquà tiene un modelo de réplica que puede firmar usted misma. ¿Y serÃa tan amable de decirle a esta dama —dijo, tendiéndole una carta—, que en este momento estoy demasiado ocupado y no puedo aceptar nuevos casos?
Cogió la llave de la mesa y la mantuvo un instante en la mano.
—¿Vio usted al señor Parr?
Ella se echó a reÃr.
—Casi resulta usted terrorÃfico, señor Yale. Efectivamente, vi al señor Parr. ¿Cómo lo supo?
Él movió la cabeza sonriendo.
—Realmente es muy simple y no hay que darle ningún mérito a mi don —repuso—, del mismo modo que usted no deberÃa hacerlo por su buena presencia o predisposición a…, digamos «quedarse con las cosas que encuentra…».
Ella no respondió inmediatamente. Al rato dijo:
—Me he reformado.