El circulo carmesi
El circulo carmesi La visita de Derrick Yale habÃa resultado un verdadero placer para Jack Beardmore. Estaba en la edad en que lo romántico adquiere todo su atractivo y la compañÃa del más común de los detectives lo habÃa llenado de alegrÃa. Además, el encanto que irradiaba Yale comportaba la magia de lo sobrenatural. Este hombre poseÃa caracterÃsticas insólitas y peculiares que lo hacÃan único. Su rostro, estético y delicado, el grave misterio de sus ojos, incluso los gestos de sus largas y sensibles manos, formaban parte de su singularidad.
—Yo nunca duermo —dijo de buen humor, mientras desenrollaba su servilleta. Sostuvo el servilletero de plata entre sus dedos durante un instante y James Beardmore lo contempló divertido. En cuanto a Jack, su entusiasta admiración era evidente.
—¿Y bien? —preguntó el anciano.
—El que sostuvo esto por última vez ha tenido muy malas noticias… Algún pariente cercano está gravemente enfermo.
Beardmore asintió.
—Jane Higgins, la sirvienta que puso la mesa —dijo él—, recibió una carta esta mañana donde la informaban de que su madre se está muriendo.
A Jack le dio un vuelco el corazón.
—¿Y lo supo usted sólo con coger el servilletero? —preguntó con asombro—. ¿Cómo le llegó esa impresión, señor Yale?