El circulo carmesi
El circulo carmesi La oficina de Derrick Yale estaba silenciosa y desierta. Habían pasado diez minutos desde que el monótono zumbido del ascensor anunciara la partida de los tres hombres. Un clic rompió el silencio, y las puertas del gran armario situado en una de las esquinas de la oficina de Derrick Yale comenzaron a abrirse lentamente. Thalia Drummond salió del armario, cerró las puertas tras ella y, durante un instante, permaneció contemplando la estancia, muy pensativa. Sacó de su bolsillo una llave, abrió la puerta y volvió a cerrarla con la misma llave al salir al pasillo.
No llamó al ascensor. Al final del pasillo había un tramo de escaleras estrechas que comunicaba con el piso del portero, en el ático, y que sólo él utilizaba. Thalia bajó por allí; abajo había una puerta que daba a un patio. También la abrió con una llave y, poco después, se confundía en el tropel de oficinistas que ya habían terminado su jornada y, abarrotando la acera, regresaban a casa.