El circulo carmesi
El circulo carmesi Jim Beardmore permaneció en silencio durante un tiempo y su hijo lo miró con inquietud.
—¿Por qué no te vas al extranjero, padre? —preguntó, y el anciano se volvió hacia él.
—¡Al diablo con el extranjero! —bramó—. ¡Huir de los matones de una Mano Negra[12] barata! ¡Los mandaré a…!
No mencionó el destino, pero todos pudieron hacerse una idea.