El circulo carmesi
El circulo carmesi La botella estaba medio llena de un lÃquido incoloro, y la señorita Macroy no intentó destaparla. La etiqueta le habÃa dicho todo lo que querÃa saber.
—«Cloroformo y éter» —leyó, al mirar a la otra—. ¿Para qué has usado el cloroformo?
El desconcierto de Thalia apenas duró un segundo; después, comenzó a reÃr.
—Verás, Macroy —titubeó—, cuando pienso en el pobre Flush Barnet, preso en la cárcel de Brixton[65], tengo que meterme algo en el cuerpo para quitármelo de la cabeza.
Milly dejó la botella sobre la mesa de un golpe y resopló.
—Eres mala persona, Thalia Drummond, y uno de estos dÃas te despertarán a las ocho de la mañana para preguntarte si tienes algún mensaje para tus amigos.
—Y yo contestaré —dijo Thalia dulcemente—: «Entiérrenme junto a Flush Barnet, el eminente ladrón».
La señorita Milly Macroy no encontró una respuesta adecuada hasta que no estuvo en Marylebone Road, y entonces cayó en la cuenta de que Thalia Drummond no le habÃa prometido nada durante toda la entrevista.