El circulo carmesi
El circulo carmesi Jack tardó un buen rato en decidirse a coger un taxi. Al señor Parr le podía molestar con razón una intrusión en su intimidad hogareña, y realmente Jack no tenía ninguna excusa que ofrecer. No obstante, decidiéndose de una vez por todas, llamó a un taxi, y poco después se encontraba frente a la puerta de la casita del señor Parr, atormentado por las mismas dudas y recelos.
Fue el mismo Parr quien le abrió la puerta.
Naturalmente, su cara carecía de expresión, y no mostró sorpresa o enfado por la llegada de aquel tardío visitante.
—Entre, señor Beardmore —dijo—. Acabo de llegar y estoy cenando. Supongo que usted ya ha cenado hace rato.
—No quisiera interrumpirlo, señor Parr. Simplemente estoy muy interesado en la noticia de que usted había detenido a Brabazon, y se me ocurrió venir.
El inspector lo estaba conduciendo hacia el comedor, cuando súbitamente se detuvo.
—¡Dios Santo! —exclamó.
Jack intentó adivinar qué podía haber sobresaltado tanto al inspector.
—¿Le importa esperar aquí?
Era la primera vez, desde que Jack conocía al policía, que lo notaba incómodo.