El circulo carmesi
El circulo carmesi La visita de Harvey Froyant a Francia no había pasado desapercibida, y tanto Derrick Yale como Parr habían sido informados de su partida; también era el caso del Círculo Carmesí, si es que el telegrama enviado por Thalia Drummond llegó a su destino.
Curiosamente, los telegramas y mensajes que Thalia enviaba fueron la excusa para que Yale se personara en la jefatura de policía, precisamente la misma tarde en que el señor Froyant regresaba triunfante de Francia.
Cuando Parr regresó a su oficina, encontró al detective sentado frente a la mesa del inspector, deleitando a una reducida pero selecta audiencia de oficiales de policía con una exhibición de sus curiosos poderes.
En este aspecto, su habilidad era asombrosa. A partir de un anillo que uno de los inspectores le había entregado, no sólo le contó al perplejo propietario su propia historia, sino que también, para mayor confusión del oyente, un pequeño secreto sobre su vida privada.
Cuando Parr entró, su ayudante le tendió un sobre sellado. Le echó un vistazo a la dirección escrita con caracteres de imprenta y luego lo puso sobre la mano que Yale tenía extendida.
—¿Y quién dice usted que lo envió? —preguntó, y Yale soltó una carcajada.
—Un hombre pequeñito con una absurda barba amarilla; tiene una voz nasal y lleva una tienda.