El circulo carmesi
El circulo carmesi El señor Parr no le resultó a Jack muy divertido como compañero de viaje. En efecto, había llevado consigo una pila de periódicos, en cada uno de los cuales leía religiosamente cuantos comentarios había acerca del Círculo Carmesí. Su anfitrión quedó asombrado al ver que aquel hombre tan flemático[83] parecía sentir placer leyendo los poco lisonjeros comentarios hacia su persona que llenaban los diarios. Jack no pudo evitar hacérselo notar.
El inspector depositó el periódico sobre sus rodillas y se quitó sus gafas de montura de acero.
—No lo sé —dijo—. Las críticas nunca han causado daño a nadie; un hombre sólo se irrita por esas historias cuando sabe que se ha equivocado. Y, como resulta que yo sé que tengo razón, no me importa en absoluto lo que puedan decir de mí.
—¿Piensa usted que tiene razón, en realidad? ¿En qué sentido? —preguntó Jack movido por la curiosidad. No obstante, Parr no parecía inclinado a ofrecer información alguna a este respecto.
Llegaron a la pequeña estación y recorrieron en coche las tres millas que separaban la vía férrea de la sombría mansión que había hecho las delicias de James Beardmore cuando vivía.