El circulo carmesi
El circulo carmesi —¿Qué? Por supuesto que no —dijo—. No me puedo imaginar a Parr con el más mÃnimo instinto criminal. Pero si considera detenidamente todo este asunto —Yale se inclinó sobre la mesa y bajó la voz—, y examina cada detalle de todos los crÃmenes cometidos por el CÃrculo CarmesÃ, no dejará de observar que en cada ocasión siempre habÃa un representante de la autoridad rondando por la escena del crimen.
—¿Parr? —preguntó el comisario.
Yale se mordió el labio superior con aire pensativo.
—No quiero especular sobre Parr —dijo—. Más bien me inclino a pensar que es la vÃctima de algún subordinado suyo, en el cual confÃa. Comprenderá usted —continuó rápidamente— que yo no dudarÃa en acusar a Parr si mis descubrimientos fueran en esa dirección. Ni siquiera usted mismo, señor, quedarÃa libre de sospecha si me diera razones.
El comisario aparentaba sentirse incómodo.
—Puedo asegurarle que no sé nada del CÃrculo Carmesà —dijo bruscamente. Después, al reparar en lo absurdo de su protesta, se echó a reÃr.
—¿Quién es esa chica de allÃ? —dijo, señalando a una pareja que comÃa en un rincón del gran restaurante—. No deja de mirarlo.